Pueblos Ocultos se resisten a desaparecer |
(Orellana 18-02-08) El joven cineasta ecuatoriano Carlos Andrés Vera viajó a Berlín hace pocos días para asistir a la Berlinale, el prestigioso festival de cine que se desarrolla cada año en ese país. Su documental Taromenane, el exterminio de los pueblos ocultos, se iba a exhibir ayer fuera de competencia, en una de las muestras del Festival de Berlín y continuará en cartelera durante un mes, en una de las salas de cine locales de la capital alemana. Se estima que quedan unas 200 personas que conforman los taromenanes
El documental es un esfuerzo del cineasta por ir revelando las piezas que forman parte del misterio de los pueblos ocultos del Ecuador. Paralelamente, esta semana se denunció la matanza de 15 taromenanes, un pueblo autoexiliado en la selva.
Los pueblos ocultos son etnias que, venciendo las vicisitudes propias de su milenario y particular aislamiento geopolítico, han podido llegar con vida al siglo XXI, sin planes específicos para su protección futura.
En Sudamérica, los pueblos indígenas en aislamiento, pueblos no contactados o pueblos ocultos están presentes en los países de la cuenca amazónica, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela y en El Gran Chaco, Paraguay.
El número estimado de grupos étnicos en aislamiento es aún inestable debido a la fragmentaria y escasa información existente respecto de su cultura y dinámicas socioculturales. Un dato preliminar describe al menos un centenar de pueblos de diverso tamaño, origen étnico y lingüístico en condiciones de aislamiento.
El Brasil es el país con mayor número de pueblos indígenas en aislamiento; cuenta con un aproximado mayor a 30 pueblos. El Ecuador cuenta con al menos dos pueblos indígenas en aislamiento vinculados a la etnia huaorani; estos pueblos son los Tagaeri y Taromenane, pero no se descarta la existencia de otras familias-clanes aún desconocidos.
En los últimos años, el país ha visto pasar de largo las noticias de un conflicto que amenaza la supervivencia de los Tagaeri y Taromenane, ocultos en la denominada Zona Intangible (ZITT) del Parque Nacional Yasuní, de la provincia de Orellana.
Se estima que los Taromenane lo conforman unas 200 personas.
La explotación maderera en la zona es otro elemento que ha matizado el conflicto con esta etnia que aunque ha sido diezmada por varios motivos en los últimos años se resiste a desaparecer. (PBM)
Pueblos se autoexilian en la selva
La ilegal explotación maderera en la zona del Parque Nacional Yasuní ha sido uno de los focos de conflicto En los últimos años, el Ecuador ha visto pasar de largo las noticias de un conflicto que amenaza la supervivencia de los grupos aborígenes Tagaeri y Taromenane, ocultos en la denominada Zona Intangible (ZITT) del Parque Nacional Yasuní, de la provincia de Orellana.
Cambios culturales inducidos en el pueblo Huaorani por misioneros evangelistas estadounidenses, a mediados del siglo pasado, forzaron el voluntario autoexilio de estas familias de cazadores-recolectores seminómadas y horticultores rudimentarios. Estos, pese a compartir un mismo hábitat, han mantenido su cultura ancestral y su decisión de vivir aislados de todo contacto humano, en un retraimiento que les ha significado cinco décadas de enfrentamientos con los huaorani y otros invasores, que los tendrían al borde del exterminio.
El conflicto de vieja data con los huaorani, actualizado en los últimos años por la ilegal explotación maderera de una comuna huaorani en la ZITT, es la principal causa de estas desapariciones forzadas. Se especula de la posible desaparición de los tagaeri por enfrentamientos y enfermedades mestizas.
Estos grupos también se caracterizan por su “extrema fragilidad”, tanto por su pequeño número como por su indefensión ante posibles ataques o enfermedades, como la gripe, contra la que están inermes.
“Si un maderero con gripe deja un saco (chaqueta) en la selva y lo recoge una comunidad oculta, pueden morir todos en pocos días”, señaló el padre Juan Carlos Andueza, de la Misión Capuchina en Orellana. Para él, la supervivencia de estos grupos solo es posible si se refugian en zonas aún más aisladas de las cabeceras de los ríos pequeños, donde no llegan los madereros.
De la misma opinión es la periodista Milagros Aguirre, quien a principios de 2007 publicó un amplio informe sobre la tala ilegal de maderas preciosas en el Yasuní. Aguirre dijo que los taromenanes estarían restringidos a su actual zona, “donde antes estaban los tagaeris, y ya no tienen adónde más desplazarse”.
Según Pego Nigua, dirigente huaorani, sus ancestros ocupaban la mayor parte del territorio amazónico del Ecuador, entre los ríos Napo y Curaray, con sus afluentes, que descargan sus aguas al Amazonas.
“Son descendientes de tribus del Brasil, su origen se debe a que por ser nómadas se trasladaban de un lugar a otro y siempre huían o retrocedían protegiendo las tierras que las creían suyas”.
Según Nigua, tras la invasión peruana de 1941, una gran extensión amazónica del Ecuador quedó en manos de los vecinos del sur. “Por ello mucha de nuestra gente se quedó del otro lado (Perú) como es el caso de quienes habitaban en las riberas del Curaray”, aseguró.
En la década de 1950, los huaoranis ya se encontraban en el margen derecho de lo que hoy es la ciudad de El Coca, justo donde en la actualidad está la brigada 19 Napo.
En esa década se produjo la inundación de la población del Coca, que estaba asentada en la bocana del río de su mismo nombre y los pocos sobrevivientes lograron huir de la inundación que se llevó varias casas, y hubo muertos y desaparecidos.
Los pobladores que lograron salvarse decidieron asentarse en el margen derecho del río Napo, donde ya transitaban o aparecían los huaoranis, y estos en defensa de su territorio, usaban sus lanzas y mataban a quien se les aparecía por el camino.
Entre la gente que trataba de invadir territorio ya habitado por los huaoranis se encontraban colonos e indígenas kichwas. Estos últimos, por los cadávares que aparecían en la zona, los llamaron “Aucas”, qué significa criminales, ladrones, y todo lo malo que tiene el ser humano.
Ya en la década de 1960, los temidos “Aucas” se autodenominaron huaoranis. hua, quiere decir gente; ranis, amable. “Y eso es lo que somos. Si nuestra gente mataba era en defensa de su territorio y de sus vidas, como hasta ahora cualquiera lo haría”, agregó Nigua
Otros líderes huaoranis como Taga y Taromenally, decidieron seguir aislados en la selva y esa decisión fue respetada.
Y desde entonces a los unos se los denominó por los nombres de sus líderes, tagaeris y taromenanes.
Estos retrocedieron del km 40 por la presencia de las compañías petroleras y la apertura de las carreteras, y fueron cediendo territorio, hasta ubicarse en Tiguino, a unos 115 kilómetros al sur del Coca. Y de allí ya no han retrocedido en al menos tres décadas.
Entre las dos etnias se considera que existen unas 200 personas y cada vez van quedando menos “porque se matan entre ellos, y cuando los matan, los matan a niños, jóvenes y viejos, porque ellos no andan solos sino en manadas, y cuando los atacan en la mayoría de las veces es con escopetas y un disparo de cartuchera tiene 52 ó 54 perdigones y el disparo se expande, mientras que la lanza abarca solo un cuerpo y no más”, indicó Nigua.
Para el sacerdote y antropólogo español Miguel Ángel Capdevila, quien estuvo desde 1984 en la Amazonía como misionero y es uno de los mayores conocedores sobre el tema: “Los huaoranis igual han sido víctimas. Es el último pueblo asimilado por la sociedad ecuatoriana. En el año 2008 se cumplirán 50 años desde su contacto, digamos pacífico. Se les obligó a ceder a la nación todos sus derechos y riquezas territoriales, que eran muchas, ¿a cambio de qué? ¿Ha habido quién les enseñe a ser ciudadanos, a ser conscientes de sus derechos y también de sus deberes como tales? No, ellos están en la periferia de nuestra sociedad, manejados muchas veces por los más pillos y desalmados. Parece bastante hipócrita escandalizarse de su venalidad cuando apenas se les ha dado oportunidad de otra cosa”. (EROI-PBM)
Expedición intenta esclarecer matanza
Presión de grupos indígenas y de defensores de DDHH obligó a que una misión investigue in situ presunto asesinato de 15 taromenanes Llegar hasta la zona donde se habría registrado la muerte y decapitación de cinco a 15 taromenanes, en un sector ubicado entre los ríos Cuchiyacu y Cononaco Chico, entre las provincias de Orellana y Pastaza, es una tarea que tomaría al menos seis días. Con ese argumento, la Policía había justificado esta semana no haber investigado la supuesta masacre.
Organismos defensores de Derechos Humanos y líderes indígenas repudiaron la inacción de la Policía y otras autoridades para confirmar o desvirtuar la presunta masacre de miembros de la etnia Taromenane. “Si la Policía no tiene los medios para llegar hasta el lugar de los hechos, pues tienen que conseguirlos. No creo que esa sea una excusa, no importa si muere uno o cinco taromenanes, lo que importa es que son seres humanos y, además, son ecuatorianos”, señaló Elsie Monge, presidenta de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (Cedhu).
Penty Bayhua, coordinador de la comunidad indígenas Baneno, situada a 22 km de Orellana, señaló que de no tener el apoyo de las autoridades ellos iniciarán una expedición al lugar, aunque para estos casos se requeriría que tomen procedimiento la Policía Judicial, la Fiscalía y el Intendente, y un delegado del Ministerio del Ambiente.
La reacción provocó que finalmente se decida enviar una misión al lugar. A las 09:30 de este viernes, el representante del Ministerio del Ambiente en Orellana, Edwin Ruiz, cuatro policías judiciales y una patrulla militar partieron desde esta urbe amazónica vía terrestre (en dos camionetas), y el personal militar en sus unidades de la Brigada de Selva 19 Napo, hasta Tiguino. Ahí se unirán a cinco miembros de la etnia Huaorani y en canoa, a través del río Tiguino y Cononaco, llegarán a la intersección de los ríos Cuchiyacu y Cononaco Chico. Luego ingresarán hasta el lugar, donde presuntamente murieron los indígenas a manos de madereros colombianos, como denunciaron dirigentes huaoranis de Orellana y Pastaza. (SDR)
Detalles de los pueblos no contactados del Ecuador
Los tagaeris y los taromenanes tienen la costumbre de pintarse la planta de los pies con achiote, usan el pelo largo hasta la cadera y un cerquillo. Debido a que el pelo les tapa la visibilidad se cortan el pelo en la frente con caña tipo guadúa o con concha de los ríos cercanos de donde ellos viven.
Su alimento es plátano, yuca y carne de monte, pavas, aves, monos, venado y cuanto encuentren en la selva. Ellos viven en una zona denominada, por decreto, como intangible, que quiere decir que se trata de un territorio de caracter intocable por fuerzas externas, ajenas a los habitantes propios de la zona y a su ecosistema. Una zona intangible no cercana a los pueblos que allí conviven, sino que impide que habitantes extraños, peor aún extractores de madera, minerales o empresas petroleras entren a perturbar su entorno.
Habría un tercer grupo que no tiene nombre, solo existen “rumores" escuchados a los huaorani, indígenas integrados hace décadas, de la existencia de un pueblo desconocido que habitaría la zona más oriental del Yasuní, junto a la frontera con Perú, pero no se han visto casas ni gente.
PUNTO DE VISTA
Por Alex Rivas Toledo, antropólogo
Los pueblos indígenas en aislamiento han acaparado en los últimos años no solo titulares en medios de comunicación cuando han sido masacrados, perseguidos o eventualmente protegidos, sino que van formando parte de agendas gubernamentales, del reclamo desde las sociedades civiles organizadas y de las preocupaciones de los organismos de cooperación internacional.
Estas iniciativas, comunes aunque discontinuas y disímiles, coinciden en la preocupación por la vida, derechos, ecosistemas y territorios de estos grupos humanos únicos en el mundo. Los pueblos aislados representan no solo un espacio civilizatorio, geográfico y simbólico en que confluyen particulares variables socioculturales, políticas y ambientales, sino que representan un reto para las políticas públicas de los Estados nacionales sudamericanos marcadas en las últimas décadas por el surgimiento del multiculturalismo de frente a la pluriculturalidad y de la gestión ambiental como respuesta al deterioro ambiental acelerado.
Los pueblos indígenas en aislamiento, pueblos no contactados o pueblos ocultos, están presentes en los países de la cuenca amazónica, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela y en El Gran Chaco, Paraguay.
El número estimado de grupos étnicos en aislamiento es aún inestable debido a la fragmentaria y escasa información existente respecto de su cultura y dinámicas socioculturales. Un dato preliminar describe al menos un centenar de pueblos de diverso tamaño, origen étnico y lingüístico en condiciones de aislamiento.
Brasil es el país con un mayor número de pueblos indígenas en aislamiento; cuenta con un aproximado mayor a 30 pueblos. Ecuador cuenta con al menos dos pueblos indígenas en aislamiento vinculados a la etnia huaorani; estos pueblos son los Tagaeri y Taromenane, pero no se descarta la existencia de otras familias-clanes aún desconocidos. En Bolivia, el número de pueblos aislados es indeterminado, aunque se conoce que pertenecen a por lo menos cinco grupos étnicos. Colombia registra un pueblo en aislamiento en la región del río Puré. En Paraguay se registran varias familias del grupo étnico ayoreo, quienes ejercitan su movilidad en regiones fronterizas con Bolivia. En Venezuela aparentemente ya no existirían pueblos ocultos, sin embargo habría clanes y familias aisladas de pueblos indígenas que se movilizarían en las zonas de frontera con el Brasil.
Cabe formular las siguientes preguntas sobre el problema de la representación de los pueblos aislados: ¿la defensa de los aislados solo es legítima si la realizan las organizaciones indígenas?, ¿son las organizaciones indígenas un actor privilegiado en la representación política y defensa de los pueblos aislados?, ¿es ilegítima la representación y las acciones de organizaciones civiles no indígenas en defensa de los pueblos aislados? Este ensayo no es el espacio para dar respuesta a estas interrogantes, sin embargo estas orientan una discusión en la que es imprescindible desarrollar marcos de democracia multicultural que posibiliten la acción colectiva de organizaciones indígenas, iniciativas civiles no indígenas y otros actores de diverso nivel en torno de los aislados.
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